Mi nombre es Carolina, tengo 19 años. Soy divertida, amigable, buena compañera y amiga, algo orgullosa, muy sensible, me interesa conocer y aprender, me encantan los idiomas (en especial el alemán), quiero viajar. Estudio Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires y además trabajo. Amo a la gente que me rodea, y que me quiere. Siempre intento hacer todo para que me valoren. Soy muy estricta conmigo misma, y también suelo tener autoestima bajo.
lunes, 28 de febrero de 2011
Estoy MUY feliz.
De todas maneras, la diferencia es que en estos 5 días mi vida cambió radicalmente y de una manera muy buena. No apareció nadie en mi vida que diga, esta persona va a seguir por mucho tiempo. Si han aparecido personas que hicieron de mis días más alegres e hicieron que mi cabeza no pensara más en él. Y que mi corazón tampoco.
Estoy muy feliz, hace unos días que ya no pienso más en él que ya no lo extraño. Es tan lindo sentirme así. Además también tengo que admitir que -como pocas veces en mi vida- me siento con el autoestima alta. Me siento tan bien como está yendo mi vida esta ultima semana.
En una semana empiezo las clases, empiezo mi último año del colegio y eso me alegra más. Porque me hace esperar con mas ansias Bariloche, la fiesta, fin de año.
Creo -espero ojalá- que el 2011 sea el mejor año de mi vida. Y a pesar de que empezó con algunos dolores por haber terminado algo tan importante para mí el último mes del año, sé que va a ser el mejor. Porque desde hace unas semanas mi vida cambió totalmente, y soy feliz.
Y hay otro muchacho que me impresiona más que él. Mucho más. Otro muchacho con el cual nada serio se promete de ninguno de los dos lados, pero que me llama MUCHO.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Hola, de nuevo...
Descubrí que el mundo está hecho para equivocarnos y que la vida intenta golpearnos cada tanto para hacernos abrir los ojos. Descubrí que muchas veces pensamos algo de una persona, y cuando estamos en el lugar del otro entendemos por qué se comportó de una manera dolorosa, y ahora somos nosotros los que lastimamos.
Cuando la vida me golpeó fuerte por primera vez no entendía por qué tenía que pasarme a mí; que tan bien me había portado y que tanto había entregado. Porque recuerdo como si fuera hoy el amor que sentía y la manera en la que lo entregué, dando todo de mí a esa persona de la cual me había enamorado y creía jamás poder dejar de amar. Siempre pensamos eso, cuando estamos tristes y solos que esa persona va a rondarnos siempre en la cabeza y que vamos a amarla para toda la vida; pero hay una frase que dice “Lo que mucho se ausenta al tiempo deja de hacer falta” y así sucede con todas las cosas. Como los juguetes que añorábamos de pequeños y que ya hoy son simples recuerdos de la infancia. Dejamos de jugar con ellos y dejamos de apreciarlos tanto. Lo mismo sucede cuando una persona se separa de nosotros y deja de interesarse, o nosotros dejamos de interesarnos.
Después de ese golpe que recibí, conocí a otra persona. Ahora era el momento de que yo golpeara –no intencionalmente- a otra persona. Lastimé mucho a esta persona, por más de que nunca me senté a pensar lo que debe haber pasado. Esta persona se portó diferente a como yo lo hice, simplemente desapareció. Supongo que dolido, pero su orgullo nunca lo mostraría. No como yo, que no me importa el orgullo y sin embargo muestro con tanta transparencia mis sentimientos y no me importa.
Y de nuevo, la vida tenia que presentarme otro camino que me golpeara. Un boomerang, es un ida y vuelta de las cosas. La causa y el efecto de nuestras acciones. La vida me presentaba a otra persona que volvía a hacerme suspirar. Una persona la cual simplemente había llamado mi atención una vez pero que no deseaba conocer.
Esto va escrito para esa persona.
Cuando lo conocí y llamó mi atención lo había imaginado como una simple persona que se nos cruza, llama a nuestros ojos la atención y sigue de largo. Pasaron cuatro meses hasta que al fin, el día -más esperado por él que por mí- llegó. Recuerdo recordarle día por medio que yo no deseaba enamorarme. Que yo estaba cansada, que necesitaba mi espacio, mi soledad. Pero él –gracias a Dios- no quiso escucharme. Él siguió insistiendo en llegar a mi corazón. Y lo logró. Recuerdo que el día que me dí cuenta de cómo las cosas estaban yendo, lloré. Lloré de miedo. Por cosas que había escuchado de su propia boca conocía como era su persona y temía que la vida volviera a golpearme y lastimarme, y realmente no estaba en condiciones para volver a sufrir como ya lo había hecho. Además, los caminos de la vida están hechos para aprender y no volver a cometer los mismos errores, pero… el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, eso dicen ¿no?
Me enamoré, me entregué nuevamente como esa primera vez en que había dado mi corazón en bandeja a otra persona. Y se sentía muy lindo.
Fuimos conociéndonos, porque nunca se llega a conocer por completo a una persona, sigo creyendo que tiene mucho más aún por conocer. Esta persona no era la persona de mis sueños, ni la persona que yo esperaba que hubiese sido. Era alguien totalmente diferente. Pero ya mi corazón le pertenecía tanto que no me importaba. No me importaba si me trataba mal o me peleaba todo el tiempo; yo deseaba estar con él hasta el fin del mundo.
Le pedí a gritos que cambiara, por los dos, por mí. Porque yo sufría. Sufrí desde el principio, y estaba condenada a seguir haciéndolo. Nos divertíamos si, al principio nos divertíamos bastante pero es como que la chispa se perdió demasiado rápido pero como nos amábamos tanto –como si hubiéramos estado juntos desde hace mucho tiempo- no podíamos soltarnos.
Ambos queríamos cortar el lazo, pero no nos animábamos. Temíamos el perder al otro y encontrarnos en un vacío terrible, oscuro, sin fin.
Hasta que un día no tuve mas remedio que darle fin a esto que nos lastimaba. Porque a pesar de que nos amábamos infinitamente, nos lastimábamos con la misma intensidad. Él podía salir más ileso de las discusiones porque su personalidad es mucho más fuerte, porque él puede ser duro y frío…. Pero yo no, yo siempre fui demasiado sensible, y a mí me dolía el corazón.
Recuerdo que le dolió muchísimo. Que lloró muchísimo –yo también.
Pero no había otra salida, teníamos que darnos un tiempo y dejarnos respirar. Pero le dí demasiado tiempo, le di demasiado aire. Y descubrió entonces que su vida sin mí, era mucho mejor. Que los días brillaban más, y había más oxigeno a su alrededor que respirar. Que yo era una carga, una mochila, una cruz totalmente pesada. Y empezó a borrarme, de a poco empezó a quitarme de sus pensamientos, de su cabeza, de su vida…. De su corazón.
Y dolió. Dolió sentir que todo había sido en vano, que lo que alguna vez había llamado amor ya se le había ido. Que ya no me amaba. Mientras yo volvía a ser golpeada por la vida. Supongo que habrá sido mi error por haberlo dejado ir y alejarme al principio. Supongo que capaz me merezco todo esto, por lo que había hecho yo a otra persona anteriormente. Pero digo, ¿por qué a los otros no se los devuelve? Yo me porté bien, e hice bien las cosas sin intención de lastimar y afuera en el mundo está lleno de mierdas andantes que siguen siendo mierdas y son felices así. Y yo, que no lo soy, no puedo ser feliz.
Leyendo algunas cosas que alguna vez esta persona había escrito descubrí entonces mas ó menos lo que al principio dije: “Saber que no sos nada de alguien, pero ese alguien es mucho o todo para vos. Que sin razón le reprochas cosas, porque te importa, sin tener por qué” fue como un puñal cruzando mi corazón, saber que alguna vez sintió o escribió al menos algo así cuando ahora yo sufría lo mismo.
Lo peor de toda la situación es que no tengo intención alguna de volver a pasar por lo mismo, discusiones sin sentido y sufrimiento y tiempo perdido sin razón. Pero hay algo que quiere mantenerme atada a él, algo que en mi corazón no quiere dejarlo ir. Sé que ya se va a ir, si ya pudieron borrarse memorias de mí alguna vez van a poder borrarse nuevamente y quedar en simples y bellos recuerdos que ya no lastiman. Pero hoy, duele. Y duele mucho en el corazón, en el pecho. Como dijo “Duele saber que vas a pensar en esa persona antes de irte a dormir, o cuando te dormís, o no dormís por pensar en ella, o cuando comes, cuando te bañas, cuando vivís, pensas en esa persona nada más, sin que ella se lo llegue a merecer si quiera”.
Y también dijiste “Dios hizo al amor para castigarnos de una manera realmente hermosa” Pues bien, mientras sea hermosa prefiero seguir siendo castigada.
Y todo esto, es malditamente hermoso.